15 de agosto de 2011

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Los días buenos, malos, de tránsito, de cambio, de borrón y cuenta en pause.
Los días en los que me busco en cada cuarto, y en los que a cada paso me encuentro en las esquinas, a punto de doblarlas en una u otra dirección
Son estos malditos días cuando no te encuentro en ningún sitio, ni siquiera en los botes de perfume, no porque te escondas ni porque te guste el juego sino porque no puedo ni sostenerte una sola palabra.
Ya no funciona eso de imaginarme espacios cálidos en mi vientre, tampoco he probado a buscar mis manos.
Hoy es ese día en el que los miedos salen del cajón de la ropa sucia, olvidé lavarla y ya empieza a oler mal.
Y no me digas que siempre tengo que sonreir porque es demasiado peso a la espalda. Dame tregua y calla. Escucha lo que no puedo contarte, ni siquiera desde casa.
Dame solamente unos días más y te prometo que volveré a pisar tierra. Quizás esto sólo sirva para cerciorame de que estés donde estés sigues cuidando de mi, porque, aunque no lo creas, en ocasiones a mi me faltan ganas de hacerlo.


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